(La Gran Ola de Hokusai pudo verse dentro de la exposición “ Japonisme. La fascinació per l’art japonés ” en el CaixaFòrum de Barcelona, del 14/06/2013 al 15/09/2013) A fuerza de pasar los días trasladando pinturas y esculturas, mirando planos, acotando espacios, revisando logísticas y almacenes… uno olvida la belleza. En una de las mesas del laboratorio de conservación-restauración, en el Museo en el que trabajo, me topo con una de mis obras favoritas de todos los tiempos: el grabado La gran Ola, del pintor japonés Katsushika Hokusai (1760-1849). Es una de las estampas japonesas más famosas. Varios museos y coleccionistas privados conservan ejemplares de la obra, el Museu Nacional d’Art de Catalunya entre ellos. Carme Ramells, conservadora-restauradora de obra de arte sobre papel en el MNAC, es la encargada de restaurar esta estampa para un futuro préstamo. Aprovecho su trabajo para hablar de las singularidades de la manipulación de obras en papel y las particularidad...
Estuve 15 años hablando con Roser una conversación que siempre quedó interrumpida. El primer día me regaló su poemario y encontramos un mundo afín. Arte, palabra e instante, suburbios y sombras. Hablamos mucho, todos los días hasta que los días nos separaron. Tras años, la charla siguió en una inhóspita ciudad castellana. Coincidimos pocas horas pero hablamos y hablamos. Arte efímero, familia, malquerencias, poesía, trabajo, tejidos. Luego nos volvimos a encontrar y me enseñó las reservas de un museo textil. Acotó métodos de almacenamiento, registro y conservación de vestidos, y tomando café nos prometimos colaboraciones y montones de palabras. Cogimos la costumbre de vernos una o dos veces al año. Roser te escrutaba con la mirada, te desnudaba y te acompañaba hasta la cuerda floja. No nos contábamos mucho en esos encuentros, aunque siempre lo suficiente como para desequilibrarnos. Un día me invitó a hablarles a otros sobre mis métodos y maneras, sobre cómo sostener un arte funambulist...
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