Estuve 15 años hablando con Roser una conversación que siempre quedó interrumpida. El primer día me regaló su poemario y encontramos un mundo afín. Arte, palabra e instante, suburbios y sombras. Hablamos mucho, todos los días hasta que los días nos separaron. Tras años, la charla siguió en una inhóspita ciudad castellana. Coincidimos pocas horas pero hablamos y hablamos. Arte efímero, familia, malquerencias, poesía, trabajo, tejidos. Luego nos volvimos a encontrar y me enseñó las reservas de un museo textil. Acotó métodos de almacenamiento, registro y conservación de vestidos, y tomando café nos prometimos colaboraciones y montones de palabras. Cogimos la costumbre de vernos una o dos veces al año. Roser te escrutaba con la mirada, te desnudaba y te acompañaba hasta la cuerda floja. No nos contábamos mucho en esos encuentros, aunque siempre lo suficiente como para desequilibrarnos. Un día me invitó a hablarles a otros sobre mis métodos y maneras, sobre cómo sostener un arte funambulist...
Así es, la abandonas nunca la das por terminada. Después, te desprendes de ella y con el tiempo, si la encuentras, no te parece la misma…la harías distinta.
ResponEliminaQue te puedo decir…acabo de ver lo que dibujas, y me ha sorprendido de verdad..o dicho de otra forma…he alucinado pepinillos. Llevas 20 años intentando dejar de ser artista?...tiene gracia…eso es posible?. Yo me tire unos cuantos más intentando serlo, y llevo otros pocos renegando de ellos…Encantada de conocerte Lluís ya te agregue a mi blog. Con más tiempo me dedicare a leer mejor lo que escribes…hoy ya es muy tarde.