Hay un texto que flota en el aire, si se me permite la cursilería. Un diálogo donde se baten en duelo cuestiones como lo sublime y la naturaleza, la iconografía de los espacios interiores, el rock & roll, la identidad del artista, el mar como patria, el dibujo, el acto, la textura, los hijos, la lectura, el abismo y los viajes, la psique. Ya no sé si a estas alturas el texto del que hablamos es una crónica, una ficción o una verborrea inútil. Si lo hubiera escrito Agustín Fernández Mallo se diría que es una novela rizoma. Como me ha sido negada la posibilidad de la literatura esférica, de la escritura bola, y lo mío es el fragmento y la no ficción, no sé que tipo de novela tengo entre manos. Les ruego me disculpen por tejer una malla con tan groseros medios. Serán ustedes, amables lectores, los que deban conjeturar si a fuerza de ir sumando trozos me salió una novela, o un catálogo de cachos. Dice Mario Levrero que una novela, actualmente, “es casi cualquier cosa que se ponga entre...